Aspectos que no debes descuidar si vas a comprar una casa para reformar

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Cada vez más gente está buscando casas para reformar. No solo por el precio, sino porque permite adaptar el espacio a gusto propio. Eso sí, no es tan simple como parece. Si necesitas financiación, la cosa se complica. Porque no es lo mismo pedir una hipoteca para una casa terminada que para una que necesita obras. El banco no lo ve igual y tú tampoco deberías.

Cuando una vivienda no está en condiciones de habitarse o necesita arreglos importantes, no basta con el cálculo típico del 80% del valor de compraventa. Aquí entran en juego otras variables: presupuesto de la obra, valoración después de la reforma, tiempo estimado y permisos de obra. Todo eso puede hacer que el proceso se alargue o que se complique si no sabes bien cómo enfocarlo desde el principio.

Qué tipo de financiación puede usarse en este caso

Existe una opción concreta que se adapta a este tipo de situaciones. Se llama hipoteca para compra y reforma. La diferencia principal es que no sólo cubre el precio de adquisición del inmueble, sino también parte o la totalidad del coste de las obras necesarias. Para el banco, esto implica evaluar no solo el estado actual de la casa, sino también el proyecto futuro. Y para ti, implica tener todos los documentos en orden desde el primer minuto: presupuesto de reforma detallado, proyecto técnico si es necesario, licencias y una tasación que contemple el estado reformado.

No es algo que suelan publicitar mucho los bancos, pero es totalmente legal y viable. Lo que hay que tener claro es que no todos lo ofrecen, y los que sí lo hacen pueden exigirte una aportación inicial algo mayor o una justificación más completa del destino del dinero. No vale con decir que vas a cambiar la cocina y pintar paredes. Hay que presentar un desglose con precios, partidas y quién va a ejecutar la obra.

Cómo funciona esta fórmula y qué tener en cuenta

El proceso para conseguir una hipoteca así tiene algunas diferencias con respecto a una hipoteca normal. Lo primero es que la tasación tiene dos valores: el actual (el de la vivienda sin reformar) y el futuro (el valor estimado una vez terminadas las obras). El banco toma como referencia este último para calcular cuánto te presta. Eso sí, no sueltan todo el dinero de golpe. A veces lo hacen en dos partes: una al firmar la compraventa y otra cuando demuestras que has empezado la reforma, presentando facturas o fotos. Otras veces lo hacen en un solo pago, pero con compromiso de justificación.

También puede ocurrir que no liberen el 100% del dinero destinado a la obra hasta que esté terminada. Es una manera de protegerse ante el riesgo de que la obra no se haga. Eso te obliga a tener algo de colchón o pactar plazos de obra realistas con tu arquitecto o empresa de reformas.

Errores comunes cuando se compra una casa para reformar

Uno de los más habituales es pensar que basta con conseguir una hipoteca estándar. Pero si compras algo que necesita reforma profunda y no explicas esto al banco desde el principio, te pueden rechazar la operación o hacerte rehacer todos los trámites. Otro error común es subestimar el coste real de la reforma. Hay gente que presenta presupuestos muy bajos pensando que así el banco aprobará más fácil el préstamo, pero eso puede jugar en contra. Una reforma mal planteada o con cifras poco realistas hace que la tasación futura pierda valor. Y eso reduce la cantidad que te pueden financiar.

Otro problema frecuente es dejar para después la parte de las licencias. Si vas a tocar estructura o modificar distribución, necesitas permisos. No tenerlos listos cuando el banco te los pide puede bloquear el proceso o retrasar la entrega del dinero. Hay que anticiparse a esto y trabajar con técnicos que sepan preparar la documentación con tiempo.

Qué ventajas tiene si lo haces bien

Cuando todo está claro desde el principio, esta modalidad tiene beneficios importantes. Primero, te permite comprar viviendas con precio más bajo porque necesitan obra, pero las pones a tu gusto. Segundo, puedes aumentar el valor final de tu propiedad si haces una reforma bien planteada. Tercero, no tienes que pedir préstamos personales aparte para la obra, con intereses mucho más altos que una hipoteca.

Al usar una hipoteca para compra y reforma, todo queda bajo el mismo paraguas: una sola cuota mensual, un único interés, y condiciones generalmente más ventajosas que si lo separas. Además, cuando la casa reformada gana valor, tú como propietario partes de una posición de más ventaja si algún día necesitas venderla o pedir otra financiación.

Qué documentación necesitas preparar desde el primer día

Aquí no vale improvisar. Lo ideal es tener listo el presupuesto completo de la obra, firmado por la empresa que va a ejecutarla. Si hay arquitecto, también su parte. Licencia de obra menor o mayor, dependiendo de lo que vayas a hacer. Certificados energéticos si cambias instalaciones, y claro, la tasación doble. También conviene tener alguna previsión de plazos realista, ya que el banco puede querer comprobar avances en fechas concretas.

A esto hay que sumarle lo básico: DNI, vida laboral, ingresos, contrato laboral o declaraciones si eres autónomo, y en general toda la documentación que ya te pedirían para conseguir una hipoteca estándar.

La importancia de hacer bien los números

Aunque la vivienda esté bien de precio, no subestimes el coste total de ponerla a punto. A veces, por querer ahorrar en la compra, terminas gastando más en obra. Y si el banco no cubre todo el importe, tienes que poner más dinero del tuyo. Por eso, hay que sumar la compra, los impuestos, los gastos notariales y el coste de reforma. Y tener un margen por si algo sube o surge un imprevisto.

Si haces los números con calma, puedes sacarle mucho partido a esta modalidad. Pero hay que hacerlo bien desde el primer día y entender que estás comprando algo que aún no existe del todo: una casa futura que depende de lo que tú hagas con ella.

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